El poder de la semilla #1

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Dr. César Minera

Hay una serie de principios bíblicos en cuanto a la siembra, que la iglesia de Jesucristo necesita entender. El primero es el siguiente: Dios creó la semilla con un solo propósito: multiplicación. Por motivo de fuerzas mayores tenemos que regresar a Génesis donde vemos un patrón establecido: “dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra.    

Y fue así” (Gen 1:11). La semilla fue creada y diseñada con la finalidad de causar incremento. Ahora bien, para que la semilla produzca debe de ser sembrada: “de cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere lleva mucho fruto” (Jua 12:24). Permítanme ilustrarlo de dos maneras: a menudo cuando se visitan diferentes países, en ventas de artículos típicos se encuentran cadenas, pulseras u otro tipo de joyería hecha de semillas. Usted puede comprar una de estas prendas y llevársela de regreso a su país, usarla o tenerla en su joyero, y mantenerla en su posesión por toda una vida, pero como esas semillas están sirviendo solamente de adorno, nunca producirán para el dueño ningún tipo de aumento. Por el otro lado, pensemos en un pajarito que en el proceso de comerse una fruta se come también la semilla. Con el paso del tiempo, al ave defecar y caer el excremento en la tierra y ser regada por la lluvia, inevitablemente esa semilla va a germinar y cumplir el propósito para el cual fue creada: multiplicación.

Veamos un par de ejemplos sobre el poder de la semilla. Génesis 26:1-3 dice: “después hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. Y se le apareció Jehová y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. Y estaré contigo, y te bendeciré.” También dice: “y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová. El varón se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso. Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y mucha labranza; y los filisteos le tuvieron envidia. Entonces dijo Abimelec a Isaac: Apártate de nosotros, porque mucho más poderoso que nosotros te has hecho”. (Gen 26:12-16). Al meditar en estos pasajes, tenemos que recordar lo que nos dicen los primeros versos: Había hambre en la tierra. Esto pudo haber sido causado por diferentes motivos, pero lo cierto es que la gente no estaba sembrando y como resultado de ello nadie estaba cosechando. Isaac, en obediencia no descendió a Egipto y moró en la tierra de los filisteos donde sembró. Su acción tuvo una reacción. Cuando sembró, era el único que tenía grano, como resultado, los filisteos se vieron forzados a llegar a intercambiar con él, animales por semilla. De esta manera fue que se enriqueció y prosperó a tal grado que Abimelec en conjunto con los habitantes de Gerar, llenos de envidia le ordenaron a retirarse de sus confines, pero se fue siendo más adinerado que ellos. Con este ejemplo cerramos el primer principio, repetitivo como pueda sonar, la semilla fue creada para causar: proliferación.

El próximo ejemplo lo tomamos de Génesis 47 y amplía el segundo principio en cuanto a la siembra, el cual es el siguiente: parte de la semilla es para comer y parte para sembrar. “No había pan en toda la tierra y el hambre era muy grave, por lo que desfalleció de hambre la tierra de Egipto y la tierra de Canaán. Y recogió José todo el dinero que había en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, por los alimentos que de él compraban; y metió José el dinero en casa de Faraón. Y ellos trajeron sus ganados a José, y José les dio alimentos por caballos, y por el ganado de las ovejas, y por el ganado de las vacas, y por sus asnos; y les sustentó de pan por todos sus ganados aquel año. Entonces compró José toda la tierra de Egipto para Faraón; pues los egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agravó el hambre sobre ellos; y la tierra vino a ser de Faraón” (Gen 47:13, 14, 17, 20). La presente historia inicia con el sueño de Faraón, en el que el creador le mostraba siete años de abundancia, durante los cuales José acumuló granos. También le reveló Dios siete años de escasez, que son los versos que leímos. El fracaso de estas dos naciones consistió en esto: Cada ocasión que intercambiaron, haya sido dinero, ganado o tierras por semilla, el grano lo utilizaron para comer, en ningún momento sembraron, y entonces estaban forzados a regresar a seguir vendiendo lo que poseían. En esto encontramos un proceso gradual de fracaso. El que se come toda la semilla que recibe, nunca tendrá de donde cosechar.

Veamos la solución. “Y José dijo al pueblo: He aquí os he comprado hoy, a vosotros y a vuestra tierra, para Faraón; ved aquí semilla, y sembrareis la tierra. De los frutos daréis el quinto a Faraón, y las cuatro partes serán vuestras para sembrar las tierras, y para que coman vuestros hijos” (Gen 47:23). Después que José había tomado posesión de todo, les incrementó la porción con el propósito de que ahora no sólo comieran, sino más bien que sembraran. El rompimiento en la vida económica del cristiano, se encuentra en la siembra. No todo lo que Dios nos da es para gastarlo en nosotros mismos, parte es para sembrar, para que podamos cosechar. Finalmente, “Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera (semillero), y aumentará los frutos de vuestra justicia”( 2Cor 9:10). Bendiciones!!!

 
Mateo 28:18-20
“Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

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