El poder de la semilla #2

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Dr. César Minera

Continuaremos hablando del poder de la semilla, parte 2. A manera de repaso, en la edición anterior vimos principios establecidos por Dios, en relación a la semilla. Esta fue creada con una sola finalidad y es: causar multiplicación.   

Haré una pregunta a la cual la mayor parte de la gente (cristiana) cree tener la respuesta correcta. ¿Por qué trabaja usted? Antes de seguir leyendo y encontrar la réplica, dé tres afirmaciones que considere apropiadas. Muy probable que algunas de las respuestas fueron: Para ganar dinero, para suplir mis necesidades, para pagar mis deudas etc. Algo que generalmente el cristiano pasa por alto, es el siguiente concepto: El motivo primordial por el cual se debe trabajar, no es para recibir más dinero, sino más bien para recibir más semilla. Ha notado que existe un ciclo vicioso interminable, en el que las masas de gente trabajan y trabajan por dinero sin jamás alcanzar solvencia económica, y es porque la motivación primordial no es la de sembrar en el reino de Dios, sino de gastar en lo personal. Examinemos el siguiente pasaje: “Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (San 4:3). En los primeros versos del capítulo, el escritor de esta epístola expone que hay gente a la cual pasiones tales como pleitos, codicia, envidia y más, los han sobrecogido y vencido. También agrega que uno de los motivos por los cuales no han recibido es porque no han pedido, y cuando lo han hecho, han pedido equivocadamente, pues la finalidad es tener más para gastar en sus placeres.

En el párrafo anterior utilicé el término “el Reino de Dios”. Esta expresión es equivalente al gobierno de Dios sobre la tierra o bien el gobierno de los cielos sobre la tierra. La escritura dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas os serán añadidas” (Mat 6:33). Para saber a qué se refiere con “todas las demás cosas”, tenemos que regresar a los versos anteriores. “Por tanto os digo: “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir” (Mat 6:25). También dice: “Porque los gentiles (no conocedores de Dios) buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas”. Entendemos entonces, que todas las cosas a las que se refiere el Señor Jesús en este pasaje, son las relacionadas a la vida física (comida, vestido, vivienda, transporte etc.). Lo glorioso de la situación es que si notó, la promesa de parte de Dios es que El como Padre celestial, sabe que usted y yo, tenemos necesidad de todas estas cosas. ¿Qué hacemos entonces? La respuesta una vez más se encuentra en el verso 33. “Buscar primero los intereses del reino de Dios”. Dicho de otra manera sería, velar que todo lo relacionado a la iglesia, sea la prioridad en nuestras vidas.

En lo personal puedo dar testimonio de que he dedicado mi vida, la de mi familia, y la de nuestro ministerio a servir a Dios, y como resultado El ha tomado excelente cuidado de nosotros. ¡Sus promesas nunca fallan! La motivación mayor en mi vida no es tener más con motivos de acumular, pero tener más para sembrar más.

Veamos un ejemplo en el antiguo testamento que corrobora lo dicho anteriormente. “Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. Más el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu criado… será todo el fruto de ella para comer” (Lev 25:3-7). “Y si dijereis: ¿Qué comeremos el séptimo año? He aquí no hemos de sembrar, ni hemos de recoger nuestros frutos; entonces yo os enviaré mi bendición el sexto año, y hará ella, que haya fruto por tres años. Y sembraréis el año octavo, y comeréis del fruto añejo; hasta el año noveno, hasta que venga su fruto, comeréis del añejo” (Lev 25:20-22). De esta experiencia aprendemos que Dios no necesita nuestro trabajo como fuente de sostén, mas bien Dios usa nuestra obediencia a su palabra como el canal por el cual él nos bendice.

Agregaré algo más, a través de Pedro, se le dijo a la iglesia: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mat 16:19). Entiendo que existen varias llaves o principios de operación en el reino de Dios, pero como el tema presente es siembra, entonces debemos entender, que cuando el pueblo de Dios hace uso de la llave de la siembra lo siguiente sucederá: “Habrá una manifestación sobrenatural de finanzas en nuestras vidas, familias y ministerios”. En la misma magnitud en que se abrieron los cielos en el tiempo de Noé y llovió continuamente, nuestras vidas experimentarán una apertura de cielos que humanamente no podemos imaginar. “Y aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos según el poder que actúa en nosotros” (Efe 3:20).

Conclusión: La sublime sabiduría de Dios nos enseña que no debemos trabajar por dinero, sino por semilla. El dinero que utilizamos para cubrir nuestros gastos nunca causa incremento a nuestras vidas, pero por el otro lado, todo centavo que aportamos al reino de Dios tiene promesa de multiplicación. “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2Cor 9:6).

 
Mateo 28:18-20
“Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

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