Cerca de la muerte en un accidente

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El jueves 30 de octubre del 2004, durante las horas de la mañana, recibimos una llamada de nuestros hermanos José Luis y Celi Rentería, compartiéndonos que su hija Claudia, de 17 años, había tenido un accidente automovilístico, y que se encontraba en el hospital.

Hasta el momento no sabíamos la gravedad de la situación. Cuando llegamos al hospital, la tenían en sala de rayos x, sus padres estaban desesperados, les dijimos que oráramos y que confesáramos que nada malo le iba a suceder a Claudia. Por la tarde, regresamos, y ya la pudimos ver.

El cuadro no fue muy placentero, ya que tenía mangueras por todo lado, y lucía en muy mala condición. Tuvimos la oportunidad de hablar con la enfermera de cabecera, de la cual recibimos muy malas noticias. Su hígado, por la gravedad del impacto del choque, estaba altamente dañado y estaba sangrando interiormente. Su pulmón, estaba perforado, y su riñón estaba lacerado. Nos dieron muy pocas esperanzas. Pero, en nuestro interior, había algo mayor que todas las cosas que se nos estaban diciendo, la Palabra y el Espíritu Santo de Dios!!!!

En ese momento, en lugar de perder la calma y dejar que nuestros sentimientos tomaran el control, nos recordamos del pasaje de la escritura, en el cual llegó Jairo a pedirle a Jesús que sanara a su hija que estaba enferma de muerte en casa. Jesús accedió a ir con Jairo, pero en el camino, se encontraron con la mujer del flujo de sangre, que tocó a Jesús y se sanó. Mientras esperaban llegaron unos hombres de la casa de Jairo y le dijeron, no molestes al maestro, tu hija ya murió. Al oír esto, Jesús se volvió a Jairo y le dijo: “No temas, cree solamente”. Al llegar a la casa, verdaderamente su hija había fallecido. Mas Jesús al entrar le dijo, la niña duerme solamente.

Al compartir esta escritura con nuestros hermanos Rentería, les recordamos a quién servimos, a un Dios que ha depositado todo su poder en nosotros y a través del cual podemos cambiar todas las situaciones. Oramos y al poner nuestras manos sobre ella, dijimos: “El mismo Espíritu que levantó a Jesucristo de entre los muertos, es el que habita en Claudia, y ese Espíritu, vivifica su cuerpo mortal”.

Ahora, al hablar de este versículo en particular tenemos que entender, que el cuerpo de Jesús en la tumba no tenía vida, pero al entrar en contacto con el Espíritu de Dios, fue reconectado a la vida y entonces resucitó. Al hablar este versículo sobre el cuerpo de Claudia, su cuerpo sí tenía vida pero varios de sus órganos estaban dañados, pero les inyectamos vida de resurrección, a través del Espíritu Santo que habita en ella. Al orar, hablamos a la hemorragia y le ordenamos a detenerse, hablamos a su hígado, a su pulmón y a su riñón y les ordenamos a regresar a su normalidad en el nombre de Jesús. Al retirarnos, le dijimos a sus padres que no recibieran ni aceptaran ningún dictamen médico, sino que creyeran y se mantuvieran confesando lo que habíamos orado.

Los siguientes días fueron cruciales, en los cuales, toda la iglesia continuó orando y confesando la salud que Jesucristo había conquistado para nosotros en la cruz del calvario. Seguimos hablando palabras de vida sobre el cuerpo de Claudia. Para la gloria de Dios, después de una semana de estar en cuidados intensivos, la trasladaron a su habitación donde estuvieron controlando su respiración y demás órganos afectados.

El lunes 10 de noviembre después de haber confrontado la muerte, nuestra hermana Claudia Rentería salió del hospital más que vencedora en el maravilloso nombre de nuestro Señor Jesucristo. Al concluir este testimonio, queremos hacer hincapié en el hecho de que a diario somos confrontados con situaciones adversas, pero en nuestras manos está el poderlas transformar.

 
Mateo 28:18-20
“Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

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